Dicen que la felicidad no solo la da el dinero

EL BUTACÓN DEL GARCI
José Manuel García-Otero

Dos científicos de Nueva Zelanda, después de sesudos informes y cerca de medio millón de personas entrevistadas, han presentado una seria conclusión: el dinero no hace la felicidad. Los doctores Ronald Fischer y Diana Boer, que son los autores del trabajo, añaden dos de los factores que aportan al ser humano el grado de felicidad necesaria. Uno de ellos es la autonomía. O sea: la capacidad de hacer las cosas sin depender de nadie, en lo físico y en lo psicológico. El otro factor es el individualismo. Es decir, la libertad de decidir.

¿Tú decides o la mayoría de las veces deciden por ti? ¿Te trazan el camino? ¿Diseñan la estrategia de tus pasos? ¿Puedes caminar sin tener la sensación de ser observado por cientos de ojos? ¿Tienes libertad necesaria para despojarte de tus cosas y gritar sin que nadie te detenga? ¿Respiras más allá de tus sueños? ¿Puedes decir en todo momento lo que sientes sin que nadie te agreda o el director de Recursos Humanos te presente el doloroso pasaporte hacia la calle? ¿Puedes mantener la mirada a la persona de la acera contraria a la tuya sin que ésta te interpele con un gruñido disuasorio? Si tu jefe es un imbécil, o un impostor y sus caprichos egoístas apenas te dejan respirar, ¿tienes la suficiente capacidad para expresar tus sentimientos sin que el hacha del poder te corte de un tajo la cabeza? ¿Puedes dar un giro brusco a tu vida e ir en contramano hacia el parque más apetecible o llamar a la puerta que más te guste, entrar y sentarte en el sillón que sólo ocupa el dueño de la casa?

Si estás cansado de mirar el escaparate y hundir tu nariz en el cristal y despedirte “hasta mañana” de aquel traje que tan bien puede sentarte o el coche azul metalizado que podría llevarte a las puertas del Paraíso, quizás algo no funciona bien en tu vida. Tal vez estés un escalón por debajo de la felicidad, dos pisos más al fondo de ser libre, tres calles más lejos de ti mismo, un barrio más distante del sueño más hermoso.

La felicidad no es cuestión de dinero, y puede que tengan razón los científicos que desde tan lejos lo han dicho. Pero tampoco tiene la culpa tu vecino de todas tus desdichas y puede que tu jefe no se parezca tanto a Jack el Destripador. La felicidad quizás te la hayan cantado esta mañana los pájaros y tú ni siquiera te diste cuenta. La felicidad te la ha dibujado el sol desde el otro lado de la casa y la mano que te tocó el hombro sin que te percatases. La felicidad te saludó al vadear la esquina y te sentiste bien al respirar la húmeda fragancia de la arboleda del parque. Porque no es malo sentirse vivo un día cualquiera y tampoco es tan caro saludarnos.

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