Valencia: el enemigo en casa
La guerra interna que durante estos días se está viviendo en el Valencia, entre una sucesión de dimisiones e incertidumbres, es un claro ejemplo de esa capacidad autodestructiva que determinados clubes exhiben, ante el estupor y la sorpresa de una afición que había logrado recuperar la sonrisa y que de pronto ve acercarse la gran tormenta; un claro ejercicio de inestabilidad, casi inherente a la reciente historia del club valencianista envuelto en la eterna lucha por el poder, por la influencia y por el dinero, que no sirve sino para dejar al desnudo otras intenciones y otras ilusiones que durante toda la temporada se pusieron de manifiesto sobre el césped.
La llegada de capital extranjero y la venta del club solo fue el primero de los pasos a esta nueva situación, que no debe sorprender a nadie y que auguraba buenos vientos a corto plazo, pero no pocas dudas para el futuro. Situaciones que convierten al fútbol en un insospechado cruce de caminos, en una trama permanente, donde el hoy desmiente al ayer, a la espera de quedar desmentido por el mañana. La idea de, quien paga manda, entienda o no entienda, sienta o no sienta, pone de manifiesto la fragilidad del sistema y acaba entrando en conflicto con la propia razón y la historia. Y más cuando agentes externos, que se mueven, única y exclusivamente al calor del dinero y de sus intereses, que trafican con jugadores y entrenadores, que asesoran y casi dirigen los clubes, mientras van colocando sus productos, con millonarias comisiones en sus cuentas, se erigen en las auténticas superestrellas del mercado, aprovechando que el fútbol vive en su burbuja y la pelota no protesta.
Me da pena la famélica delgadez de los proyectos en el fútbol moderno, prisionero del mercado y los mercaderes. Lo he dicho más de una vez, siento una radical impotencia al ver como se destruye lo construido, para volver a construir y retroalimentar el sistema.
Sobran muchas cosas en el fútbol de hoy, pero sobre todo falta una sobredosis de sentido común, marcar distancias entre el balón y los negocios, entre los esfuerzos y las vanidades; saber lo que hace daño y lo que merece la pena, identificar si el enemigo está dentro o viene de fuera y sobre todo, preguntarnos que, cuando la vaca, por vieja o por enferma, ya no dé leche, ¿Quién va a cuidar a la vaca? Amunt Valencia.
@agcastellote






