Sin vergüenza

Cuidado con el clarinete

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Manuel Ladrón de Guevara

Hoy no tengo ganas de escribir de política. Y mucho menos de economía. No quiero perder el tiempo tejiendo indignados argumentos contra quienes se empeñan en la injusticia; no me resignaré a la incendiaria soflama; no perderé el tiempo y mi paciencia en el grito diferido. No, hoy que este mundo se conmueve porque perderá estómago y bisutería a mí, lo que me apetece, es escribir de otra cosa, llámenme escapista si quieren.

"Las inglesas no tenemos estómago"

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Manuel Ladrón de Guevara

En la estupenda biografía de Borges que escribió su colaboradora María Esther Vázquez, encontramos una anécdota atribuida a Fanny Haslam, la abuela inglesa del gran vate ciego. Era esta una dama victoriana que emigró a la Argentina en el s. XIX para casarse con el abuelo paterno de Borges, el coronel Francisco Borges Lafinur, al que sobreviviría muchos años. Ya anciana, cayó enferma.

Gabo no tiene quien le escriba

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Manuel Ladrón de Guevara

“Gabo tiene algunos conflictos de memoria”. La suavidad de las palabras no logra enmascarar la terrible verdad: Gabriel García Márquez padece demencia senil; no volverá a escribir. Bastante tiene ahora con inventarse a  sí mismo cada día; con adivinar quien es el tipo que lo mira cada mañana en el espejo; que usa su ropa y habla con su voz.

No me gusta José Mourinho

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Manuel Ladrón de Guevara

 Para que nadie me llame ventajista, lo digo ahora que ha ganado la Liga: no, no me gusta José Mourinho. Creo que el Real Madrid ha ganado la Liga esta temporada a pesar de José Mourinho. Y creo que sin José Mourinho, el Real Madrid probablemente estaría en la final de Munich y tendría la décima Copa de Europa al alcance de la mano. No me gusta Mourinho por una razón estrictamente futbolística.

Ratas en la cocina

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Manuel Ladrón de Guevara

 En las líneas finales de su novela La Peste, Albert Camus nos dejó una inquietante y terrible reflexión. A modo de apocalíptica profecía, el escritor franco-argelino avisaba que, dominada la epidemia, “el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás... y que puede que llegue el día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir a una ciudad dichosa.”.

El "camarada" director

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Manuel Ladrón de Guevara

En julio de 1936 Manuel Chaves Nogales se convirtió en el “camarada director” del diario madrileño Ahora.

El 600 de don Alfredo

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Manuel Ladrón de Guevara

Es cosa digna de admirar la afición que tenemos por los juicios absolutos. En los años que llevo como periodista especializado –es un decir- en deportes, he conocido ya unos cuantos “mejor jugador del mundo” y algunos “mejor equipo de la historia”, por no hablar de los “partidos del siglo” de los que he sido testigo.

A la Dama de Hierro se le ha oxidado el alma

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Manuel Ladrón de Guevara

Confieso que fui al cine con cierto recelo y no poca prevención. El poco cariño que le tengo al personaje histórico, y el temor a encontrarme con una hagiografía de la dama de hierro me predisponían contra la película protagonizada por la siempre estupenda Meryl Streep. Como no soy crítico de cine –ni siquiera un gran aficionado, ya que me gustan más las historias de papel- no hablaré de la misma, de la que solo puedo decir una cosa, muy poco original por otra parte: M.T.

El gol de mi vida

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Manuel Ladrón de Guevara

Contra lo que pueda parecer, estas líneas que perpetro, más que de fútbol se ocuparán de la memoria. Territorio raramente hostil, ya que al fin ya al cabo solo pastan allí los rebaños por nosotros seleccionados. Lo habitan fantasmas, muchos sin cara y sin nombre, que amigos bienintencionados nos ayudan a identificar. Especialmente a mí, que si fama tengo entre los míos es precisamente de desmemoriado y despistado.

Son personas, estupidos

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Manuel Ladrón de Guevara

Decía Manuel Azaña: “la esperanza, en lugar de prolongar la vida, la consume”. Nació esta afirmación del pesimismo de la fase final de su vida, cuando un mar de sangre había ahogado su obra política. No crean que aquella crisis que vivió España –social, política, económica y, naturalmente, militar- no tiene elementos coincidentes con la actual: hoy, como entonces, los sectores más reaccionarios de la sociedad utilizan el poder de que disponen para imponernos su modelo económico.

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