Batacazo Mundial de España

Apeada en cuartos por Francia, un equipo más homogéneo
ESPAÑA

La selección española de baloncesto ha sido eliminada en los cuartos de final del Mundial tras caer derrotada ante Francia por 65-52. Los franceses dominaron el ritmo del partido gracias a un excelente defensa, mientras que España, fallona en el tiro de tres y en el rebote, nunca supo encontrar su juego. El sueño acabó antes de lo previsto.

Cada competición es un mundo diametralmente opuesto al anterior y al siguiente, sin embargo casi siempre suelen coincidir pequeños extraños elementos. Como los compañeros que durante toda la temporada luchan por un mismo objetivo grupal pero que una vez alcanzado el periodo estival cambian la chaqueta para completar los sueños individuales o como el funambulismo de los enfrentamientos, sin duda la suerte más rocambolesca. Es difícil que dos mismas selecciones se vean las caras en un mismo torneo y más aún que lo hagan con asiduidad durante varios años. Esta es la coyuntura del España-Francia, una rivalidad en la cual pueden cambiar los protagonistas pero cuyo alto voltaje se mantiene  inalterado.

Los preparadores técnicos de ambos conjuntos eran conscientes de ello y para intentar asestar el golpe ganador a las primeras de cambio, los dos dispusieron desde el principio a sus cinco mejores jugadores. Pero en los grandes partidos, cuando el sol calienta más, no solo basta con la habilidad sino que es necesario un punto de agresividad y eso es lo que hoy le ha faltado España. Todos creían que la andadura hacia la final sería un camino de rosas exento de peligros y cuanto más bonito es el sueño más duro es el despertar.

Ya desde el inicio, España entró con el pie izquierdo. Los bases, con la inercia propia del campeonato, mandaban los sistemas clásicos que habían conducido a la selección hasta los cuartos de final, esos que hoy han sido nuestros verdugos. Las jugadas discurrían con normalidad pero a la hora de la verdad era imposible encontrar en el poste a nuestras columnas jónicas. No es por ineptitud de nuestros deportistas, más bien es mérito de los franceses que, como estudiantes aplicados, memorizaron uno por uno los movimientos ofensivos de la selección española. Ahí es cuando se nota la mano de los buenos entrenadores, sucedió el día que los vencieron en semifinales y ha sucedido también hoy. No había forma de anotar y nuestros paisanos, precisos en el triple, despegaban como un misil para alejarse con un 11-2.

Nueve puntos de diferencia que dejaban sin habla a todo el pabellón madrileño pero que el capitán, Juan Carlos Navarro, se encargó de devolver el grito de nuevo a sus gargantas. El catalán, conocedor de las dificultades de sus compañeros, se echó el equipo a la espalda y desplegando todo su arsenal colocó a España un punto arriba (11-12). El barco nacional había salvado su primera fuga sin perder navegantes, aunque tres (Reyes, Claver y Abrines) naufragaron antes de comenzar la competición. El primer cuarto acababa con 15-15 acompañado de una profunda sensación de impotencia. Se jugaba a lo que querían los franceses y la “roja” no tenía capacidad de reacción.

Esa era la sensación que sobrevolaba el ambiente y con la misma que arrancó el segundo cuarto. Los problemas en el rebote (50/28 al final de partido) y la falta de acierto desde la línea elíptica (9%) hacía que España volcara todo su juego en los perro grandes, pero ese salvavidas que en otras ocasiones los mantuvo a flote hoy apenas estaba hinchado. Así, por ejemplo, Pau no anotó su primera canasta en juego hasta mediados del cuarto (21-21). Ibaka, extramotivado por la falta de minutos en los duelos anteriores, tampoco era capaz de dominar el apartado físico y Marc, quizás desconcentrado por el abandono de la concentración, nunca apareció. Lo mejor de la primera parte fue el sonido de la bocina indicando el camino hacia los vestuarios con el 35-28. La diferencia no era mortal, pero sí preocupante. Francia les había otorgado una segunda oportunidad.

El paso por la caseta hizo reaccionar a los pupilos de Orenga, al menos defensivamente. Activaron las piernas y la presión asfixió a los franceses en los primeros minutos. No encontraban ese ritmo que les llevó a dominar el partido en los dos primeros cuartos mientras que España corría el contraataque por primera vez en todo el partido. Cambiaban las tornas y también el equipo dominante en el marcador (42-43), especialmente con el último minuto del tercer cuarto. El grito de Pau hacía la grada hacía soñar al público.

Sin embargo, en los últimos 10 minutos la batalla se tornó desigual. España le cargaba todo el peso a Pau Gasol y los franceses actuaban como un grupo. La gasolina del mejor jugador de la historia del baloncesto español duró lo que duró y cuando sus tiros no entraron la ventaja francesa se disparó hasta el 65-52 final. Ese partido malo que suele aparecer en los campeonatos hizo presencia en el peor momento. Se quedan fueran del Mundial, de ese que era su Mundial, de ese que decían que ya se había ganado.

 

 

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