El neocolonialismo del siglo XXI: el retorno a los protectorados

RESENEKA
Alberto Vila

Creo que va siendo hora que denominemos a las actuales condiciones de los estados miembros de la UE, o al menos del grupo menos favorecido, con la calificación que merecen: Protectorados.

Esta calificación se corresponde con el siguiente significado: Soberanía parcial que un Estado ejerce sobre un territorio que conserva autoridades propias. 

Pero, sigamos indagando sobre qué es un Protectorado. Cualquier diccionario define nítidamente ese término. El de la Real Academia Española, el francés Larousse, los ingleses Oxford, Webster y la Enciclopedia Británica, el enciclopédico en español EDAF, y otros. Todos, sin falta, caracterizan esa condición de dependencia.

Acudo a ellos por la perversión que del lenguaje hace una mayoría de informadores. No se trata de apelar a un lenguaje de barricada. No soy revolucionario. Tan sólo soy un ciudadano demócrata convencido. Pero no me conformo con que se emitan polisemias en una cuestión tan precisa. Esta no es la UE que me ofrecieron.

Regresando al término, algunos hacen de la dependencia que supone una forma un tanto general. Otros tienden a destacar el aspecto del control, por la potencia dominante, de las relaciones exteriores o incluso su ejercicio de un derecho de intervención en los asuntos internos del país subordinado, implicando por tanto una merma de la soberanía de éste.

Un “Protectorado” designa un término jurídico internacional que describe la relación entre dos estados, uno de los cuales sometió al otro al control parcial o total de sus relaciones exteriores o le ha otorgado el derecho a intervenir en sus asuntos internos.

El estado subordinado puede rendir una porción de su soberanía por tratado o luego que el estado protector ha logrado ello por la fuerza. En el caso de la UE, durante la crisis financiera se han removido representantes elegidos por el voto democrático para instalar a “administradores adecuados” a los fines dispuestos. No sabría si llamarlo un recambio “por la fuerza”. Pero escasamente democrático, con seguridad.

Esta circunstancia no se hace conocer en su verdadera magnitud a la población de los Estados “protegidos”. Alguna razón habrá para que los que se emocionan con el himno no reconozcan que estamos sometidos al arbitrio de personas que representan los intereses de inversores. Una cuestión de beneficio.

Es un hecho que estos inversores han obtenido unos beneficios de entre 10 mil a 22 mil millones de euros de beneficios que, luego de “socializada” la deuda griega, ya ha pagado y seguirá pagando la población entera. La usura es predominante en el modelo. El impedir que los Estados deudores dispongan de un “apalancamiento productivo”, para hacer frente al pago de la deuda desde el incremento de la riqueza nacional, también. Sólo así se explica la extorsión de las políticas de austeridad.

El régimen de protectorado de las economías de los Estados dominantes coloca a las economías de los Estados vulnerables en una condición de subordinación tal, que sitúa a sus sociedades en una situación de vulnerabilidad extrema. De allí, que esa dependencia explique la deformación estructural, vulnerabilidad externa y subdesarrollo a los que se ven abocadas.

Es un sometimiento que va más allá de lo financiero. Hinca sus garras en las decisiones autónomas acerca de los proyectos de investigación y desarrollo, educativos o de elección de beneficios característicos en cada Estado. De salud. De expectativa de vida. No se trata sólo de pagar la deuda. Se trata de diseñar roles específicos para cada “Protectorado”, con población útil para someterse a un rol productivo a bajo coste.

Dejando de lado la circunstancia de resultar impagable, las deudas de los Estados seguirán creciendo. También es algo a investigar que una parte substancial del fondo de las pensiones español, que no le pertenece a estos gestores, haya sido invertido en bonos propios a sabiendas. Según parece, con el precario argumento de contener el alza de la prima de riesgo. En realidad, es un modo de abrir las puertas a los fondos de pensiones privados.

Como dijimos, el protectorado se distingue de la colonia en que el estado protegido aún mantiene la soberanía sobre su territorio, el cual no se incorpora al territorio del protector ni sus ciudadanos asumen la nacionalidad de este último.

Para atenuar las consecuencias en términos de “paz social”, todo este proceso requiere de una adecuada coordinación entre los centros de poder y los agentes sociales, políticos, financieros y de los medios de comunicación de esos países intervenidos. La opinión publicada debe crear a esa Opinión Pública que legitime esta operación. Lo hemos presenciado con la naturalidad que también se apreció en épocas oscuras de la Europa del Norte.

Aunque los protectorados existieron desde los tiempos de Grecia, Roma, la Edad Media, la era napoleónica y la Europa de Hitler, el propio término tiene un origen reciente y generalmente se refiere a la relación existente entre una potencia altamente civilizada y un país atrasado. La Alemania nazi, en su política expansiva, dio buenas lecciones al respecto basándose en ese privilegio.

El desmantelamiento de nuestras investigaciones en materia de energías renovables; la “austeridad” en los centros de investigación que ya comenzaban a ofrecer los primeros resultados en materia médica, en telecomunicaciones, etc. ¿Esos desplomes han sido una acción casual? ¿No tiene que ver con lo que apreciamos en la baja calidad del empleo, en el deterioro de la educación pública, en el acceso por méritos a las becas universitarias?

¿Es algo casual que se nos repita que esto es lo que hay y que no puede haber nada mejor?

En medio de esta situación se observa cómo se están dirimiendo cuestiones menores en el espacio de las “ideologías personalistas”. Todo, mientras se sigue careciendo de un Plan General que formule las respuestas apropiadas a la situación en la que nos encontramos. Esa tarea debe ser de todos los españoles que creemos que otra opción es posible.

Estamos en plena Europa de los Protectorados. España lo ha sido desde que firmó tratados y memorandos. Sin mencionar al artículo 135 de la Constitución.

Un poco de grandeza sería un buen comienzo. Deberíamos dejar de tocar la “lira mientras Roma arde”. Esta frase, atribuida a Nerón, es retomada por Leo Strauss David, filósofo y politólogo, que debió huir de la Alemania nazi, quién decía de la nueva Ciencia Política que, “…no sabe que está tocando la lira y no sabe que Roma arde…”

Los europeos del sur estamos olfateando el humo. Nuestra dirigencia parece carecer de cualidades olfativas.

 

@Reseneka

España

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