Los límites del decoro o la recuperación democrática

RESENEKA
Alberto Vila

Algunos pretenden que la Sociedad Civil se construya a partir del Lenguaje. Otros, por el contrario, entienden que es esa Sociedad la que lo construye. En el primer caso, como resulta evidente, esa comunidad de lengua estará en trance de esclerosarse, de tender a un alejamiento entre la realidad y la Academia. El Lenguaje entonces, acabará por ser un código moribundo.

Pero en la segunda opción, la comunidad de lengua impulsará las transformaciones que le darán nueva vida a ese código básico de la comunicación humana. Entonces, nuevamente, el Lenguaje representará a la realidad.

Que el Diccionario de la Real Academia Española, en su 23ª Edición, mantenga como significado de la palabra “decoro” a: “Honor, respeto, reverencia que se debe a una persona por su nacimiento o dignidad”, en una Sociedad Democrática, debe llamarnos a la reflexión. No podemos someter las formas al fondo. Máxime, cuando, entre sus acepciones, se incluya que es también: “Nivel mínimo de calidad de vida para que la dignidad de alguien no sufra menoscabo”. Noble significado que resume el núcleo de la Democracia: la defensa de las desigualdades.

Esto me hace pensar que si el Lenguaje construye a una Sociedad, deberíamos suponer que los honores a la cuna o la dignidad, comprenden por su parte la garantía de una calidad digna de vida. ¿O es que algo de lo que digo no se compadece con la coherencia? Porque lo que ha venido ocurriendo es que se ha gobernado para proteger los privilegios de unos pocos, en desmedro de la mayoría.

Lo cierto, es que si en esta España del despojo de los Bárcenas, Eres, Gurtel, Caja B, Caso Nóos, Formación, Gómez de la Serna y asociados, jueces cobrando de fundaciones partidarias, ex políticos defendiendo los intereses de corporaciones, incremento de la pobreza de todo tipo, instituciones cooptadas por el poder económico… y lo dejo ahí porque los casos requieren cada vez más espacio.

Decía que en esta España se ha centrado la atención, desde todos los medios de prensa, las portavocías partidarias, y otros foros económicos, religiosos y sociales, en un bebé o en las rastas de algún legítimo representante de los ciudadanos… es que nuestra Sociedad exige a las claras la revisión de los significados de las palabras o está abocada su decadencia.

El conjunto de corruptos, presuntos corruptos y, no lo olvidemos, corruptores, suelen vestirse con trajes impecables, accesorios costoso, viajar a lugares exclusivos, vivir en áticos de lujo, disponer de residencias magníficas, de automóviles deportivos, aunque no hayan podido pagar nada de eso con sus remuneraciones. Paradójicamente, el término “decoro”, en su primera acepción, tal como vemos actuar a funcionarios del Estado, justificaría los tratos de favor por razones de cuna o dignidad. Esto, de confirmarse, es de una gravedad tal, que difícilmente un sistema político así resultaría posible de llamarse Democracia.  

Me pregunto entonces, ¿no sería conveniente regresar a la atención de cuestiones urgentes que se deben resolver? El día de ayer en el Congreso de los Diputados se vivió un día importante pero, si la tónica de sus sesiones se transforma en un esperpento, si los que subvierten los valores democráticos prevalecen en su labor de confundir los medios con los  fines, entonces es que no se ha aprendido nada.

Por todo esto sí que deberemos encontrar nuevos significados para hablar del decoro. La Democracia se deberá encontrar dentro de ellos. Al menos la que nos merecemos y nos puede salvar del desastre moral en el que nos han metido.

Recordemos aquél pensamiento de autor anónimo: “Las leyes injustas, las hacen los hombres sin decoro, para que los hombres con decoro las ignoren y las incumplan”.

¿No les parece?

 

@reseneka

España

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