Una puesta de sol, un rosario de frases hermosas, el rumor del agua que brota de una fuente en medio de la noche, el abrazo de un hijo, todos los rostros del mar en cualquier día, la mano áspera de un viejo que aprieta tu mano y te dice tantas cosas sin decirte nada… Detalles que tú, hombre atribulado, ni ves, ni sientes, ni compartes. Apenas sabes que existen pero están ahí, mirándote, cargados de caricias.