El butacón del Garci

Manos negras atacan a la Monarquía

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

¿No te resulta sospechoso que de un tiempo a esta parte sepamos vida y miserias del Rey y su familia? De repente, como si hubiéramos descorrido un telón gigantesco, la luz a fogonazos se derramó sobre la realeza y, más que cegarnos, enloqueció a la fiera que llevamos dentro.

¿Usted sabe qué es YPF?

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José Manuel García-Otero

Carlos Cuenca Toribio, electricista, nació en San Fernando (Cádiz), aunque criado junto a un trozo de ribera del Guadalquivir cordobés; sabe jugar al mus y a la pelota; entiende de muchas cosas, aunque a muy pocas le pone nombre, los nombres se los lleva el viento dijo un día su abuelo, y Carlos Cuenca miró a una nube  gorda y se rascó la cabeza.

Los 'amigos' de España

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Manuel salió aquel día de casa como solía hacerlo los últimos veinticinco años: a las siete y cuarto; a esa hora, el alba sólo es un esbozo de claridad por encima de los cerrillos y las farolas amarillean el asfalto con una luz mortecina y flaca. Mientras apuraba el café, Manuel ya escuchó el parte que a esa hora ofrece la radio.

Por eso te doy la mano

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Vivimos en un mundo de color gris plomo y paredes de metacrilato, un mundo de corazones duros como el acero y sentimientos de roca. Pero existen corazones. Y también ojos que te hablan sin decir una palabra. Y te señalan.

No es la hora de España

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José Manuel García-Otero

Aquella mañana de primavera, el sol y el polen le pellizcaron rudamente la nariz y los ojos, y Eduardo sintió que un enjambre de abejas invisibles lo martirizaban. Pero él no emitió una sola queja; siguió caminando con la mirada baja y desbrozando pensamientos, que le llevaban, de golpe, a su pasado de nubes de algodón y risas y a un presente con alambradas de espina.

Jinetes de juventud

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José Manuel García-Otero

–¿Te has tomado las galletas?

Las malas noticias

El butacón del Garci
José Manuel García-Otero

Raimundo se rasca la oreja izquierda cada vez que ve nubes asomadas sobre sus entendederas.  El viejo lía a escondidas un cigarrillo, mientras observa cómo un caracol sortea pesadamente los grumos de cal de la puerta trasera de la residencia para gente como él: personas mayores que sólo esperan. Raimundo, jubilado de una antigua fábrica alfarera de Triana, tiene las manos ásperas, los ojos azules y la frente cuarteada de arrugas.

Medidas como cuchillos afilados

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José Manuel García-Otero

El otro día vi los ojos de los manifestantes del 29-M. No eran ojos de odio, sino de desesperación. Cuando gritas libertad, tu voz ensarta las nubes y dibuja sueños sobre la línea delgada y distante del horizonte. Cuando gritas pan y trabajo, tu voz atraviesa penumbras y choca contra rocas y murallones.

Un país en huelga permanente

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José Manuel García-Otero

España lleva en huelga involuntaria muchos meses, y cada día incrementa más y más el número de forzosos huelguistas: ya va por cinco millones y medio. Un éxito. Un triste, dramático y lamentable éxito. Dicen que a finales del verano, cuando vuelvan a caer las hojas, llegaremos a los seis millones de huelguistas. O parados. Pero esa última palabra hiere las entrañas del personal.

No saque pecho, ahora trabaje

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José Manuel García-Otero

Los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía tienen una lectura mucho más amplia de lo que en principio se pueda pensar. Todavía humeantes los números que quedaron de los comicios del domingo, las lecturas son muy claras. La más llana y sencilla: el partido que mayor número de votos ha cosechado en el territorio andaluz ha sido el PP. O sea, si fuera un partido de fútbol o baloncesto,  el PP ha ganado. Y el PSOE ha perdido.

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