Ponte, amigo, en la piel de un hombre o una mujer, en la banda de los 30 años o 60, que están en paro y no tienen cobertura económica, seguro que, si lo haces de veras, tendrás el sentimiento estremecedor de alguien que vive cada instante a escasos centímetros del abismo. Que estás a punto de caerte. Un día sí y el otro también.