Cuna en otro tiempo de civilizaciones que llegaron a marcar el rumbo de la humanidad, escenario siempre de relaciones intensas, para bien o para mal, para el intercambio fecundo o para la confrontación destructora, el Mediterráneo (en mitad de la tierra, algo así como el ombligo del mundo en momentos históricos determinados) baña hoy, junto a las ruinas arqueológicas reales, otras ruinas metafóricas de una Europa que, a modo de la Penélope homérica, teje y desteje continua