Desde aquella proclama de Nicolás Sarkozy en septiembre de 2008 para refundar el capitalismo sobre bases éticas, las del esfuerzo y el trabajo, dando por acabada la autorregulación del mercado (sobre todo, el financiero), la evolución de la crisis nos va mostrando que una cosa son los buenos propósitos de políticos acuciados por la presión social y otra muy distinta la realidad que imponen los intereses especuladores a los que esos políticos (por lo menos, los de la