Los vaivenes que se han sucedido en el mundo, y especialmente en Europa, en torno al fenómeno de la actual crisis económica, considerada la más grave desde la de 1929, han sembrado la confusión sobre las causas, los responsables y las consecuencias de este desastre. Consciente o inconscientemente, esa confusión ha permitido diluir responsabilidades y dirigir las soluciones hacia aspectos que, en principio, no tenían nada que ver directamente con la crisis, permitiendo en muchos casos que las víctimas sean tratadas como culpables.