Asumida la doctrina del crecimiento continuo (en economía como en otras actividades humanas, a veces confusamente ligada a la idea de progreso), resulta automático considerar un problema el descenso de la natalidad en determinados países. En España, sin ir más lejos, como, en general, en los países más desarrollados, en los que la mujer ha podido alcanzar un mayor nivel de autonomía a la hora de decidir sobre su maternidad.